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    Crítica | Gernika

    Gernika

    La Historia por encima de la historia

    crítica de Gernika (Koldo Serra, 2016).

    El 26 de abril de 1937 tuvo lugar el bombardeo indiscriminado de la población de Gernika por la Legión Cóndor de la Luftwaffe, en coordinación con el mando franquista, marcando así un antes y un después en el desarrollo de la Guerra Civil española, además de constituir un ensayo militar de la inminente Segunda Guerra Mundial. Por si no fuera ya bastante trascendente el suceso, el mismo quedaría enmarcado para la posteridad en uno de los cuadros más conocidos de Picasso, expuesto ese mismo año en París, e inspirado a su vez en la célebre crónica del ataque escrita por el periodista británico George Steer. Una vez que la pintura y la escritura se habían hecho eco de la tragedia, era sólo cuestión de tiempo para que el cine siguiera sus pasos. Pero hasta este año no se había realizado ningún largometraje sobre el tema. Aún sin descontar su repercusión internacional, lo lógico era que la producción fuera española, y es evidente que la misma no podía salir adelante durante el franquismo, preocupado por encubrir sus actos más reprochables. En los años sucesivos tampoco habría sido fácil estrenar con garantías esta película, por su naturaleza controvertida y sus exigencias presupuestarias. Si a ello sumamos la ambición internacional de la cinta que finalmente se ha presentado este año en el Festival de Málaga y llegado a nuestras carteleras este pasado viernes, parece más justificable la espera, aunque desde un punto de vista ético la misma siga siendo criticable… Crítica que por cierto no se resuelve teniendo en cuenta lo anticuado del filme en cuestión, detenido en el tiempo en el que deberían haberse transmitido con más fuerza estos hechos en lugar de actualizarlos al contexto actual en el que al final ha sido posible contarlos.

    Este dilema se debe a la problemática relación de fidelidad que establecen el director Koldo Serra y su equipo. En efecto, la trama gira en torno al grado en que deben transcribirse con imparcialidad y sin censura los hechos, al moverse en la trastienda de la prensa internacional acreditada entonces en Vizcaya, a la que sin embargo se le oculta gran parte de lo que está sucediendo. En concreto, los personajes principales son Henry; un decadente periodista norteamericano inspirado en el propio Steer (curioso cambio de nacionalidad teniendo en cuenta que el actor que lo interpreta, James D’Arcy, es inglés); Teresa, una editora de la oficina republicana (a cargo de la polivalente María Valverde, manejándose aquí con soltura también en inglés); y Vasyl, el asesor ruso que dirige la citada oficina (con los rasgos de Jack Davenport, de nuevo británico), formando los tres un triángulo amoroso. A ellos les acompañan personajes más secundarios, como la corresponsal de Le Figaro Marta (Ingrid García Jonsson), la compañera de trabajo de Teresa llamada Carmen (Bárbara Goenaga), la prima de aquella Isabel (Irene Escolar), el comandante de la aviación alemana W. von Richthofen (Joachim Paul Assböck) o el enviado consular del régimen soviético (Burn Gorman). Estamos por tanto ante un reparto de lo más coral, cuyas interacciones se van revelando, como no podía ser de otro modo, con una narrativa episódica y un montaje en paralelo. Episódica porque va marcando los días que preceden a la masacre, mostrando escenas en parte desconectadas que deberían luego converger; y en paralelo como recurso técnico necesario para ensamblar las historias sin descuidar del todo ninguna de ellas.








    Gernika

    «Gernika[...], al buscar ante todo la fiel conexión de un espectador familiarizado con su fuente histórica, descuida aspectos inherentes a la constancia cinematográfica».


    Por tanto, las intenciones son claras pero la resolución es un tanto confusa. Y aquí surge el mencionado carácter problemático de una película que, al buscar ante todo la fiel conexión de un espectador familiarizado con su fuente histórica, descuida aspectos inherentes a la constancia cinematográfica. En otras palabras, su construcción desde el libreto, más allá de su arquetípica esencia melodramática, recurre a elementos habituales de este medio, derivados de su citada estructura intercalada como el planting/payoff, pero sin conseguir el efecto deseado. Un ejemplo lo encontramos en la secuencia en la que el mando ruso arresta a un conductor español que dice haberse perdido al atravesar la línea divisoria, con la pena de muerte que ello conlleva, y para aumentar la tensión que la antecede se emplea el susodicho montaje en paralelo. Pero este sólo funciona cuando las secuencias yuxtapuestas se retroalimentan en esa tensión creciente: aquí en cambio se corta a una escena anodina y placentera, en las oficinas de la prensa, antes de volver al escenario agreste donde tiene lugar la ejecución, difuminando así todo su suspense. En cuanto a la utilización del planting/payoff, un caso claro es el de la prolongada y temprana secuencia en la que Marta y su compañero salen de la ciudad hasta un bosque donde un soldado malherido ha quedado en tierra de nadie: ignorando toda medida de seguridad, la intrépida periodista se acerca lo más posible a él para tomarle una foto justo antes de fallecer, arriesgando con ello su propia vida. La escena en cuestión como hemos dicho se alarga bastante, algo que interrumpe el discurrir de la trama principal pero se agradece porque en esta ocasión el suspense sí resulta eficaz. Su objetivo es sin embargo anticipar un comportamiento similar de este personaje durante el bombardeo final, sin que entonces nos extrañe por ajustarse a su carácter… pero sin obtener ninguna evolución apreciable, desvirtuando así el propósito de esta técnica narrativa. La maniobra es todavía más desconcertante porque se alterna con una progresión contraria de la protagonista, cuestionando con ello la relevancia que deberían tener unos individuos finalmente convertidos en meros títeres de la Historia. Estos dos ejemplos son los más ilustrativos, sumándose a otros detalles igual de incoherentes, como los múltiples cambios de idioma que se exceptúan entre los rusos, quienes hablan en un inglés acentuado cuando deberían hacerlo en su lengua original. Empero la desorientación no se detiene en estos supuestos aislados, sino que se extiende a lo largo del metraje, por mucho que su cuidada planificación intente paliarla. La misma se basa en unos planos trabajados y fotografiados con esmero, pero el dinamismo de la cámara por definición sirve para concordar el ritmo visual con el ritmo narrativo, contribuyendo así a su organicidad. Cuando esta falta en el propio diseño narrativo, no se la puede realzar desde el punto de vista visual, sino, como máximo, esconder sus carencias. | ★★ |


    Ignacio Navarro Mejía
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    España, 2016. Presentación: Festival de Málaga 2016. Dirección: Koldo Serra. Guion: José Alba, Carlos Clabijo Cobos & Barney Cohen. Productoras: Pecado Films / Travis Producciones / Sayaka Producciones Audiovisuales / Gernika The Movie. Fotografía: Unax Mendia. Montaje: José Manuel Jiménez. Música: Fernando Velázquez. Vestuario: Ariadna Papió. Reparto: James D’Arcy, María Valverde, Jack Davenport, Ingrid García Jonsson, Burn Gorman, Álex García, Irene Escolar, Bárbara Goenaga, Julián Villagrán, Joachim Paul Assböck. Duración: 110 minutos.

    Póster: Gernika
    Feelmakers

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